Octubre 21st, 2008
A time is marked not so much by ideas that are argued about as by ideas that are taken for granted. The character of an era hangs upon what needs no defense. Power runs with ideas that only the crazy would draw into doubt. The “taken for granted” is the test of sanity; “what everyone knows” is the line between us and them.
This means that sometimes a society gets stuck. Sometimes these un-questioned ideas interfere, as the cost of questioning becomes too great. In these times, the hardest task for social or political activists is to find a way to get people to wonder again about what we all believe is true. The challenge is to sow doubt.
Extraido de “The Future of Ideas” de Lawrence Lessig.
Se puede descargar completo en el sitio. A continuación la traducción (hecha por mi, por ende quizás imperfecta).
Una época está marcada no tanto por ideas que son discutidas sino por ideas que son dadas por hecho. El caracter de una era reside en lo que no necesita defensa. El poder se encuentr an las ideas que sólo un loco pondría en duda. “darlo por hecho” es el test de la salud mental; “lo que todos sabemos” es la línea entre nosotros y ellos.
Esto significa que a veces la sociedad se estanca. A veces las ideas no cuestionadas interfieren, cuando el costo de cuestionarlas es demasiad. En esos tiempos, la tarea más dificil de los activistas sociales y politico es encontrar la manera en que la gente comienze a preguntarse otras vez si eso en lo que creen es verdad. El desafío es sembrar la duda.
Octubre 17th, 2008
Enfrentarse a textos largos es ya un problema para algunos expertos.
Internet cambia la forma de leer…¿y de pensar?
Ayer hablaba con mi amiga Paula que tuvo la suerte a asistir al WeMedia. Y digo suerte porque es un evento bastante caro. Lo organiza un medio, van periodistas, gente del medio, gente famosa como Tennembaun (o como se escriba) o Zlotto, emprendedores, dueños de empresas, multimedios. Supongamos que está bien, que están en su derecho. Y charlaba con BZL también y le comentaba que en todos estos tipos de eventos siempre son los mismos y terminan hablando de lo mismo. Y es que, a mi criterio, hay dos realidades. La primera es que la información está cada vez más cerca de todos, ubicada en el centro, ponderada por esta sociedad y devorada por millones de navegantes en toneladas de gigas por mes. La segunda realidad es que lo que realmente conduce esa información hacia instancias superadoras es el análisis de ese dato. La decodificación y recodificación. El filtro personal, único. Entonces…no hay muchas novedades.
Pero vamos por partes.
Al que le quepa el saco, que se lo ponga.
Yo soy casi uno de ellos por lo que no me amilano. Cuando comenzaron los blogs seguramente había periodistas detrás de sus teclados despuntando el vicio ahora online. Y sigue habiendo hoy periodistas muy capaces que escriben en diarios y tienen blogs y piensan el presente, analizan, investigan. No me cabe duda.
Cuando explotó la web, segundos después del big bang, se empezó a generar vida. Vida que por suerte hoy continúa, pero que en gran parte fue apaleada por “los periodistas”.
Tenían que llegar y comentarlo todo, explicarlo de alguna manera que pudiera leerse en el baño un domingo; un parrafo para explicar qué mierda es esto de la web, de los blogs, de los fotologs, de las redes sociales y los emos. Y había que reducir, achicar y encima se popularizó el copiar y pegar (y hasta se aprendieron los shorcuts algunos) para que “lo pudiéramos entender todos”.
Además, obviamente, se acercaron periodistas desde medios tradicionales, se comieron un par de tutoriales y exportaron las prácticas y modus operandi de los medios de los que venían, de “los viejos medios” (por que si hay nuevos, hay viejos). Y desde ahí se construyó la web. No se construyó con el periodista que sin medio de comunicación en Irak posteaba sobre la guerra, sino que se construyó desde el periodista que en su columna de fin de semana escribía (y desvirtuaba, por no conocer) sobre su colega en Irak.
Uno tenía una necesidad vocacional, el otro una necesidad comercial. Y ahí es donde pongo el límite.
No me tiro contra los periodistas sino contra el “trabajo” de periodista, el servicio a un medio como principo y fin de un oficio y no como un servicio a su comunidad. Porque….vamos…a esta altura quién puede necesitar a un medio para decir algo? Quién puede decir que no tiene forma de expresarse?
El periodista es el que habla fuerte, el que comunica y conecta a los que no pueden conectarse solos (o eso parece). Es el que tiene buena presencia para pararse delante de una cámara, o ir a una conferencia de prensa, o tiene una pluma cautivadora, o simplemente tiene la capacidad de acortar una gacetilla de 500 palabras en una bajada de diario.
Y empezaron a hacer lo propio en la red. Empezaron a hablar fuerte, entre ellos y hacia la audiencia. Y muchos escucharon -porque siempre escucharon- el resumen. Así lo hicieron sus padres y sus abuelos (de grandes) sentados en reunión frente a la radio. Y los periodistas se acercaron a la información, que ahora estaba más cerca (se puede hacer prensa sentado frente a Google!!) pero alimentarla, nutrirla? Para qué? No se hizo nunca, no hace falta hacerlo ahora. Los que analizaron, pensaron y se mataron buscandole la vuelta o se dieron vuelta o se cambiaron de bando y ahora no se hacen llamar periodistas.
Entonces quedaron ellos llegando a una isla sin ídolos, sin reglas, y la colonizaron. La publicitaron, la vendieron, la explicaron sin entenderla. Y hasta ganan más plata que la que ganaban antes. Y pienso: “pero Fran, es un trabajo. Obviamente lo hacen por plata.” Pero entonces, lo de la vocación es todo mentira? Es sólo cuestión de guita? Entonces sos un boludo porque conozco a un pibe que subiendo fotos de Paris Hilton en su blog gana mucha más guita que vos, y se caga de la risa.
Vos me intentás explicar algo que no entendés, no me escuchás sino que me ves como un número, una porción de tu audiencia, un Cumbio sin fama (que quizás la entiende menos, aunque la usa mejor). Yo tampoco entiendo Internet, no entiendo cómo funciona el mundo pero no puedo dejar de preguntarmelo, no puedo dejar de criticar -de mirar con ojos críticos- tratando de develar, de entender, qué hay detrás. No me interesa si Google tiene parques de colores. Me interesa que me digas qué está haciendo Google con mi vida. No es tu tarea como periodista? Entonces no abras la boca! Que hablen los que saben! Y si hablan no hagas la traducción simultanea. Nunca sirve, definitivamente. Es sólo a modo ilustrativo. Escuchá lo que dicen, pensalo, masticalo y después me decís lo que VOS pensás. Ahora me estás diciendo lo que dicen otrps pero aguado, y hacés lo mismo con lo que le agregás vos. Entonces no es ni una ni la otra. Hacé tu proceso a fondo, que en el fondo ya no es ni más ni menos importante que el que hago yo. Ya no.
Qué hay detrás?
Y están estos eventos tan web 2.0 -al que no fui por lo que no puedo hablar por experiencia propia, pero al que gracias al recorte digital me acerco de costado- y lo comparo con otros encuentros que tienen a Internet como protagonista en donde siempre dicen que “no hay expertos” pero hay invitados VIP, invitados con cache y hotel (como en la tele, en el programa de la tarde, no en mi blog) y hay periodistas que escriben libros pseudo teóricos, y asesoran a viejos medios. Y lo que no hay es algo nuevo. Y nadie les pide que inventen ellos la rueda, eh? Ya está andando pero nadie se sienta a pensar cómo funciona o por qué. Se piensa en los nichos, en los targets, en la cantidad de visitas y el SEO, y no en personas. Se cometen errores “comerciales” que se nos trasladan a nosotros, bloggers, como condiciones sine qua non para pertenecer.
Nosotros, que no tenemos un blog por guita (no todos). Se ve en Cumbio un target, un probable consumidor (y está bien, no me pongo la remera roja, lo son, pero son más que eso). Y hablamos en esos términos de las “redes” que nos unen. Que nos unen para qué? Quién nos une? De quién es la casa en la que estamos festejando este cumpleaños online? Quién vive acá? Cómo vive?
Problematizar muchachos, problematizar. Y no por contreras, por antagonistas enfermos: para entender. Oponer para comprender. Comprender si tenemos razón o estamos equivocados.
Se habla del fin de la web 2.0 a partir de la caida de la bolsa. Con la caida de Wall Street quizás pueda poner un ejemplo claro. La caida de la bolsa es la noticia. Ok. Ya me enteré que se hizo mierda la economía americana. Lo que quiero que analicemos no es eso. La noticia es el salvataje económico. Ahí está el nudo. El resto es dato, bit, 1,0, nada más. El análisis del salvataje es la respuesta. Esa instancia nos falta a muchos niveles. Como lo decíamos en un post anterior, el algoritmo de Google privilegia la concurrencia a la relevancia. Porque puede ser relevante el resultado, pero la concurrencia, la cantidad de links, el pagerank va a decidir si ese tipo, que siempre dice lo que la gente quiere leer, es el que mejor analiza…lo que quizás no entiende.
Entonces, cómo hablábamos con BZL el otro día, qué hacemos? Escuchemos a los que saben, no a los que median entre los que saben y nosotros. Esa etapa de la “media” ya pasó. Vamos a la fuente. Y después? Después vamos entre nosotros. Formemos grupos y analicemos lo que entendemos. Hablemos, debatamos, critiquemos, propongamos, generemos, saquémonos los baches y saquemos del medio a los que no saben pero hablan y hablan y hablan. Dejemos que los periodistas autistas hablen solos y sigamos generando nuestros propios espacios. Leamos sobre “Sociedades de la Información”, vayamos a los libros y entendamos qué son las redes de verdad, para después ver cómo funcionan las online, en qué se diferencian y qué pueden aportar. De esto también hablábamos con Paula y sé que ella está investigando fuerte y creando espacios que seguro abrirá para todos los que quieran participar.
Entendamos, de una vez, que esto que estamos viviendo no es sólo jugar juegos en Facebook. La Red es una realidad que está presente de una manera antropológicamente novedosa. El tipo de penetración de la Red en nuestra vida es distinto a cualquier otro invento creado en la historia de la humanidad y llega en un momento en el que el modelo capitalista muta (desde lo social hasta en la bolsa, como se ve en Estados Unidos). Problematizar que tenga “amigos” en Facebook suena a paranóico? Seguro? Que Google tenga mis datos va a hacer que deje de usar Gmail (servicio que adoro)? No. No es abrirse, querer salir, es simplemente entender. Hacer el esfuerzo por entender.
“Informarse fatiga” decía un teórico que no recuerdo. Obviamente busco su nombre en Google pero hay tantas alusiones a la frase en contextos tan dispares que se fractura la búsqueda, se desvirtúa y no encuentro al pobre tipo que me muestra con este simple ejemplo lo acertada de su frase.
Todo esto surgía a partir de la lectura de algunos artículos con los que me cruzaba estos días (que aparecen linkeados más algunos otros). Definitivamente esto no es un ataque hacia los periodistas, sino más bien a una forma fragmentada y ya innecesaria de procesar lo que decimos, lo que dice la sociedad y que el periodista amplifica (o más bien simplifica). Y hay muchos que no son periodistas pero están en la misma línea y a ellos también los apuntalo dentro de esta categorización. Básicamente lo hago porque los considero peligrosos, nocivos para poder avanzar en el diálogo, en el entendimiento de dónde estamos parados y por qué. El periodismo (no todo, no busco generalizar) ocupa un lugar en nuestra sociedad que necesita aggiornarse en estos tiempos en el que se piensa en la globalización al acceso a la información.
Esa es la parte que les toca a ellos y creo que nosotros, que estamos dentro de la web, necesitamos hacer un doble esfuerzo. Entender cómo se comunica y cómo comunicamos, entender en dónde estamos y qué hacemos. Dejar de comprar fórmulas copy paste para empezar a pensar por nosotros mismos. Hay gente que ya no está explicando que nuestra cabeza está cambiando (no es coincidencia que esta nota aparezca en “El Pais”), hay fenómenos que tienen que ver, por ejemplo, con el entretenimiento (y hoy lo charlábamos con Lex, Anivlis y Guille) que nos muestran que por ejemplo la maquinaria hollywoodense apunta al revival, intentando llegar a los que en los 80s éramos pendejos para volver a vendernos lo que ya compramos. A nosotros los que estamos entres los 25 y los 35, los “prosumers”, que oh casualidad, nos enteramos, bajamos y vemos las películas en Internet frente a la mirada atónita de productores y estudios. O los procesos educativos que fracasan mientras triunfan los fotologs y las redes sociales. Todo esto dentro del espacio “democratizante” que es la web, en donde la horizontalidad existe siempre y cuando dejes tus datos, no preguntes por la neutralidad en la red, no te cuestiones si este espacio “libre” tiene soportes (técnicos e ideológicos) y de quién son o quienes los manejan/proponen. Claro, en Sudamérica llegan las laptops de Negroponte y su proyecto OLPC pero no tienen luz eléctrica. De todas maneras no importa: podés estar conectado porque la máquina es a manivela. Podés aprender a producir frente a un monitor aunque en tu puta vida hayas visto un plato lleno de comida (o podés buscar “plato lleno de comida” en Google Images).
Claro, esa herramienta que tiene en las manos ese niño casi desnutrido puede transformarlo en el revolucionario que le mete el dedo al sistema, porque está cerca de información que antes no era tan accesible. Pero esa información, sola, nuevamente: no sirve. Hay que vincularla, relacionarla, analizarla. Pensarla. Parece mucho pedir para el pobre nenito que tiene su OLPC? Parece mucho pedir para nosotros que comemos todos los días? Tiene sentido hacerlo? Si no tiene sentido Internet se convertirá tarde o temprano en la Televisión, ese aparato de innegable alcance, que cambión nuestras vidas para siempre, pero al que todavía, en serio, no le terminamos de encontrar la vuelta.
No le tengo miedo a Internet porque sea nueva, porque se vienen tiempos de cambios y porque el avance es de a pasos gigantescos cada día. Tengo miedo que nos estemos dejando eclipsar, que estemos cambiando espejitos de colores por joyas. No es cuestión de evitar el cambio, sino asumirlo y poner límites. Para que suceda si así tiene que ser pero siendo conscientes de nuestras opciones.
Me da la sensación, por ejemplo, que Internet y todo lo que implica es una especie de revolución. Esta revolución tiene que tener un revolucionario que la haya puesto en marcha. No creo en la generación espontanea, ni en la cuestión orgánica que neutraliza sus males. Este momento tiene uno (o muchos) gestores, muchos padres y muchos adherentes. Quién le pone el cascabel al gato? como dice mi amigo Martín. No están involucrados los gobiernos? Los Estados? Intereses económicos, políticos, ideológicos? O estoy loco y veo ojos mirándome en donde nos los hay? Es todo realmente tan simple? Está taaaan lejos esta realidad de mi cuenta de Flickr en donde compro una cuenta Pro con plata que no existe sino más que en el ciberespacio? El gobierno británico guardando los datos de sus ciudadanos es chiste? Y por casa como andamos? Cuánto falta para que algún chistoso se avive acá y me toquen directamente el culo a mi?
Queda abierto el post y el tema.
En esta línea también abro el juego para que pensemos juntos, en los espacios que existen o creando nuevos. Se viene el BlogDay acá y es innegable que con las herramientas que la web pone a disposición podemos agilizar y optimizar el diálogo. Utilizarlas de la mejor manera es oponerse al fatalismo apocalíptico que sesga y excluye. Participar en serio, pensar en serio, invertir los 140 caracteres para escribir lo que haga falta. Y usar los 140 caracteres para lo que sirven. No negar, no despreciar: usar con los ojos abiertos, con los sentidos atentos, fatigarse, fatigarse, hasta donde se pueda. Quizás no haya otra opción. Bah, siempre la hay: entregarse.
Agosto 19th, 2008
Hace unos días Gusz me contó una anecdota tan genial que le pedí que me la escribiera para publicarla en este blog. Los invito a leerla porque creo que no tiene desperdicio:
Estoy trabajando en el armado de unas jornadas que se realizarán próximamente en el NorOeste Argentino y tenia un gran capricho: quería que en la misma hubiera una muestra de arte erótico. Entre las múltiples razones estaba la de presentar una perspectiva de la sexualidad desde la creación de elementos que visibilizaban los usos y costumbres.
Por supuesto, choque estrepitosamente con las autoridades del ámbito donde iban a desarrollarse las actividades, quienes tomando aire e inflando sus pulmones me dijeron NO.
Suponiendo que el tiempo haría cambiar su decisión seguí con los preparativos de la exposición de Arte Erótico, le hice una tuneada y la llame “La Zona Erógena”.
Parece que erógeno les sonaba peor y me convocaron a que explicara que era todo eso que estaba gestionando.
Y me di cuenta que estaría frente a toda esa gente que por sus prejuicios, miedos, insatisfacciones y algún que otro medicamento mal recetado simplemente volverían a decirme NO y tan cerca de las fechas…damn it!
Sin antecedentes (antecedentes a favor, porque las actividades medianamente cercanas eran un decálogo de pornografía) ni material ni tiempo y sabiendo que las palabras para que funcionen deben ser escuchadas, aproveche un viaje para evadirme.
Pero a mi regreso, en el micro, recordé una obra de una artista salteña que creo que vive y trabaja en el NorOeste Argentino. Entonces llegué un rato antes a la reunión con un tronco enorme de madera. Lo puse parado y con chupetines (golosinas) puestos en su superficie. Y en el piso dibuje un círculo rojo a modo de restricción que bordeaba la base del mismo.
Cuando llego la Comisión Organizadora, les expliqué el juego de sacar las golosinas o chupetines sin usar las manos, usando simplemente la boca. Afortunadamente todos lo hicieron y mientras se deleitaban con los chupetines, yo aproveche para contarles que eso era arte erótico… interactivo (y no apto para diabéticos, en fin todo no se puede!).
La muestra se inaugura en estos días y por el momento prejuicios, miedos y fantasmas están en modalidad off.
Me pareció una excelente muestra de cómo utilizar nuestra creatividad para lograr los objetivos que nos proponemos. La idea de Gusz responde a conocimientos que él ya poseía y que puso en juego (en un juego creativo) para lograr derribar las barreras que lo separaban de los demás.
De manera didáctica superó un obstáculo y enriqueció las III Jornadas de Género y Derechos Humanos con una agregado que no se si tendrá muchos precedentes. En definitiva es sólo cuestión de creer en nuestras ideas y poner a disposición nuestra capacidad creativa para generar cambio, introducir elementos nuevos y utilizar las mejores herramientas para llevarlas a cabo.
Probablemente existan muchos ejemplos como este (si tenés alguna historia parecida no dudes en contarla en los comentarios) pero a mi me resultó especialmente esclarecedor y me ayudó a comprender que es muy bueno tener ideas y ser creativos pero que es mucho más interesante cuando esas genialidades se alinean con objetivos claros, comprendiendo las necesidades (o falencias) de los demás y actuando en consecuencia, logrando que el otro supere los obstáculos que lo separan del problema.
Muchas gracias Gusz por jugartela y por compartirla conmigo, y a través mío con los lectores de este blog.
En el sitio de las Jornadas (que se realizará en San Miguel de Tucumán, del 17 al 20 de septiembre de este año) hay más información sobre el programa y las Bases y Condiciones para participar de la muestra de Arte Erótico.
Agosto 19th, 2008
El próximo martes 26 de agosto Paul Capriotti dará una conferencia titulada “Comunicación y Responsabilidad Social Empresaria“. (19 a 21 hs).
La conferencia estará dirigida a todos los públicos (estudiantes, académicos y profesionales) y se requiere confirmación previa.
Contacto: info@funiversitas.org
Gracias Yoyo por el dato.
Actualización: Me comenta Andrés Retali que en el sitio de Fundación Universitas se puede encontrar más información. Más específicamente acá y que además de esa charla habrá un workshop sobre Imagen Corporativa el lunes 25. Más info.
¿Quién es Paul Capriotti?
Paul Capriotti es Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (España), y Licenciado en Comunicación Social (Relaciones Públicas) por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina). Es vicepresidente de la Asociación de Investigadores en Relaciones Públicas (AIRP). Es Profesor Relaciones Públicas y Comunicación Corporativa en la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona, España). En el 2006 ha sido investigador visitante de la University of Central Lancashire, en el Reino Unido. Ha sido profesor y responsable de la Licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas, y Director del Departamento de Comunicación Corporativa en la Universidad de Vic (2001-2004) en España. Antes de trabajar en la Universidad, fue Consultor de Estrategia de Marca y Comunicación. Ha trabajado para el Ayuntamiento de Barcelona (Departamento de Cultura) en el desarrollo de la marca Barcelona, ciudad de museos. Antes de ello, fue Brand Communication Manager de Epson Ibérica, y miembro del Brand Management Teamwork de Epson Europe y de Seiko Epson Corporation Worldwide. Ha publicado diversos artículos, capítulos de libros y 3 libros: Imagen de Empresa (1992), Planificación Estratégica de la Imagen Corporativa (1999) y La Marca Corporativa (2005). Es Profesor Invitado en diferentes universidades españolas y latinoamericanas. Temas de Interés: Comunicación Estratégica, Identidad y Reputación Corporativa, Planificación Estratégica de Relaciones Públicas, Branding, Responsabilidad Corporativa.
Agosto 16th, 2008
Desde hace un tiempo estoy suscripto a ForoAlfa, un sitio de diseñadores y para diseñadores, y si bien no soy diseñador de profesión desde hace un tiempo me encuentro inmerso en el oficio y lo disfruto (y aprendo) todos los días. En este Foro he leido buenos textos de Joan Costa y Chavez, entre otros.
Ayer me encontré con el texto de Adrián Pierini que cito a continuación:
“Diseñadores Golondrina”
Como es sabido, el término «trabajadores golondrina» se refiere a los trabajadores que migran una y otra vez en busca de mejores oportunidades laborales. Ese fenómeno se da mayoritariamente en sectores rurales y como consecuencia de un tipo de demanda laboral vinculados a los tiempos de siembra y cosecha.
Encuentro que esa realidad, esa forma de trabajo inestable y poco formadora vinculada específicamente a los no profesionales, ha cobrado cuerpo en muchos jóvenes universitarios. Cabe aclarar que no se pretende aquí realizar un análisis sociológico, ni criticar a los diseñadores que se ven obligados a cambiar de trabajo por malos tratos, explotaciones o despidos injustificados. Apenas busco hacer un llamado de atención frente a una actitud poco comprometida que va creciendo cada vez más en las nuevas generaciones: muchos recién egresados migran de manera continua hacia y desde distintos estudios de diseño con el objetivo de encontrar el «paraíso proyectual», un lugar mágico en donde los conocimientos fluyan, los jefes no exijan siempre resultados óptimos, los proyectos sean ideales, los clientes respeten 100% su trabajo y la creatividad jamás, pero jamás, sea cuestionada.
Para avalar un poco más esta observación quiero dar algunos detalles de mi propia experiencia. Durante los últimos años he recibido cientos de curriculums en los que se observa la increíblemente corta permanencia que los postulantes han tenido en cada uno de los establecimientos en los que han incursionado. Más allá de la forma tan singular y poco estratégica de presentarse (algunos ni siquiera personalizan el mensaje de correo electrónico, enviando la misma reseña con copia a tantos estudios como les es posible), resulta increíble constatar que: Roberto estuvo cambiando de agencia cada dos meses, Juan cada mes y medio, Laura cada cuatro, Miguel cada cinco y la lista continúa. Paralelamente, en un acto de inocencia mezclado con una peligrosa deformación del término «experiencia», esas mismas personas hacen mención de los numerosos proyectos encarados durante esos breves períodos.
Es común leer descripciones como: «en este tiempo (dos o tres meses) desarrollé marcas para diversas empresas, diseño de packaging, armado de originales, diseño de folletería y material POP, dirección y supervisión de diversos proyectos…». Ese tipo de declaraciones es fiel reflejo de una importante confusión, ya que es imposible afirmar que en lapsos temporales tan estrechos pueda desarrollarse seriamente la mayoría de los proyectos mencionados. Lo cierto es que, por lo general, los diseñadores necesitamos años de pruebas, equivocaciones y nuevas pruebas para aprender a desarrollar un envase mínimamente efectivo.
Resulta curioso, por otro lado, que una vez seleccionados y en la mesa de entrevista estos «jóvenes golondrina» hablan de compromiso, esfuerzo de superación, necesidad de aprendizaje, etc., cuando en la práctica su objetivo es otro: sumar una estrella más a su larga lista de establecimientos incursionados. Tras su paso fugaz, argumentos como: «cerré una etapa» (¿?), «ya aprendí suficiente» (cuando la permanencia fue de dos meses), «quiero incursionar otras áreas del diseño», se convierten en un claro reflejo de la extrema ansiedad formativa.
Surge la siguiente pregunta: esta visión de muchos recién graduados, ¿es consecuencia de una nueva cultura que fomenta la inmediatez, la superficialidad y la mediocridad creativa como rasgos valorables? Cuando mi padre me hablaba del empleado histórico, aquel que nacía, se formaba y se jubilaba en la misma empresa, me resultaba ridículo. En ese entonces pensaba, y aún lo sostengo, que la diversidad en su justa medida es enriquecedora, sin embargo hoy en día, estamos presenciando una circunstancia preocupante que es alentada por una visión pasajera y sintética de la realidad.
Muchos jóvenes con los que he intercambiado opiniones sobre este tema expresan que se «picotea» un poco en cada lado, porque de esa manera su experiencia es más variada y su conocimiento más completo. Considero que en esa concepción de la realidad se encuentra el centro de la problemática. Frente a ella debo enfatizar que los cursos express nunca han sido buenos formadores. Aquel que desee ser un verdadero profesional debe sacrificarse, esforzarse, aprender seriamente de aquellos que día a día demuestran una capacidad adquirida a lo largo de los años.
¿Cómo se aprende seriamente? Con la práctica intensiva y duradera. El «observo y me voy» es una práctica para ingenuos y facilistas. Los recién egresados deben entender que el proceso de aprendizaje no es mágico y que deben vivir la experiencia de diseñar una y otra vez. Deben comprender que sólo tras haber enfrentado durante años una problemática proyectual determinada podrán decir, con real conocimiento de causa, que han alcanzado métodos inteligentes que le permitirán resolver con éxito apenas una parte de los desafíos proyectuales venideros.
La intención de estas líneas es alertar sobre esta forma pasatista y vacía de adquirir una pseudo-experiencia que sumerge al novato en una equívoca idea de idoneidad, que redundará en una confusión altamente peligrosa tanto para su capacidad proyectual como para su valoración profesional a largo plazo. Rechazo profundamente a aquellos jóvenes que inscriben orgullosos en sus currículums una trayectoria basada en breves permanencias, cuando éstas son fruto de una inestabilidad buscada y cuya argumentación se sustenta simplemente en la obtención de mayores espacios de experimentación.
Quiénes comienzan su carrera de diseñadores deben comprender que el tiempo de permanencia en un trabajo es muy importante para solidificar en la mente lo que se incorpora el la práctica de cada día. Sería bueno que se recuperara apenas un poco de aquella vieja tradición histórica del trabajo, porque la «práctica constante en un entorno estable» es la única manera de construir una propia experiencia enriquecedora y aplicable a desarrollos exitosos.
Debo confesar que ni bien terminé de leer el texto me sentí, por qué no decirlo, atacado en primera persona. Eso me llevó a escribir, en caliente, esta respuesta. No es menor el dato que tenía sólo 1000 caracteres para responder. En ese momento me salió esto:
El artículo de Pierini me parece uno de los peores textos que he tenido la posibilidad de leer en este espacio. No solo el recorte que hace es pobre, liviano y superficial sino que corta en donde se hace más fino: el recien egresado (o a punto de). Salarios bajísimos, jefes que quieren “todo” y ya (lo que, coincido con el señor este, es imposible), explotación disfrazada de “derecho de piso”. Pegarle al “diseñador gaviota” es pegarle al debil. Reproduce con su discurso exactamente el mismo sistema que explica (pero no logra ver en su totalidad). Realmente pobrísimo. Espero que encuentren la brújula y que brinden material que sea de utilidad y no busquen la polémica porque hasta este mismo artículo se podría haber escrito en clave positiva. Una verdadera lástima.
Releo el texto y pienso que podría haber sido más…diplomático, por decirlo de alguna manera, pero son los riesgos que uno corre cuando espontaneamente expresa su opinión en un espacio acotado que no permite desarrollar demasiado sus ideas.
La respuesta inmediata (y automática?) de Foro Alfa me agradecía el comentario y en el caso de querer expandir mi opinión me ofrecían la módica suma de 10000 caracteres. Muchas gracias pero prefiero dejar esos 9000+1000 de respuesta para otro que así lo desee. Tengo este espacio que considero más apropiado para explayarme y el que quiera leer, que lea.
Más tarde, y por mi pedido expreso de que el autor supiera de mi descontento con el artículo, me respondió el mismo Adrián Pierini (al que estoy reenviándole este mismo link) para que quizás podamos entendernos mejor o para por lo menos entienda la justificación de mi “reclamo”.
Para los no entendidos y para mi también Adrián Pierini es director general creativo del estudio Pierini Partners. De acuerdo a lo que nos comenta Foro Alfa “Adrián Pierini se recibe de diseñador gráfico con honores en el año 1992, desarrollando inicialmente su profesión dentro de los más prestigiosos estudios de diseño argentinos. Se desempeña como diseñador, luego como director de diseño, posteriormente como director de diseño para el área de Estados Unidos y finalmente como director general del área packaging para la región latinoamericana.
Trabajó en EE.UU. y México diseñando para importantes corporaciones y renombrados developers de la Florida. Ha dado diversas charlas de capacitación sobre la temática proyectual para equipos de marketing de diversas empresas líderes y para importantes universidades e instituciones de Argentina, Colombia, Ecuador, México, Bolivia, Perú y Paraguay.
Escribe artículos vinculados a la problemática del diseño para diversos medios y es autor del libro «Designers Go!» sobre metodología aplicada. Su vocación docente lo llevó a dictar las materias «Diseño e Imagen de Marca», «Diseño de Packaging» e «Introducción al diseño estratégico» en las carreras de Publicidad y Diseño de la Universidad de Palermo hasta el 2006, año en el que creó su propio estudio: Pierini Partners, una empresa que ya cuenta con 15 empleados y desarrolla proyectos de branding y packaging estratégico para numerosas cuentas líderes del mercado local y mundial (Brasil, México, China /Japón, Colombia, Bélgica, Estados Unidos, Bolivia, Paraguay e Inglaterra).”
Quizás su trayectoria nos ayuda a entender el background del autor de la nota. Conocer estos aspectos nos permiten imaginar ese interlocutor y, creo, favorecen el debate.
Como decía, Pierini tuvo la amabilidad de contestarme personalmente:
Gracias Francisco por hacerme saber tu opinión.
Lamento que tu postura sea tan radical y que no hayas interpretado el
verdadero sentido que le quise dar al artículo, muchisimas otras personas
(estudiantes y profesionales) han enviado sus mails coincididiendo con esta
visión de esfuerzo, compromiso y superación.
Respeto sinceramente tus comentarios, creo que deberías hacer lo mismo con
quienes discrepan de vos en su forma de pensar.Un cordial saludo.
Adrián Pierini
Entonces paso a intentar explicar mis puntos, no tanto para tratar de poner en jaque al autor en su planteo, sino, quizás y en el mejor de los casos, expresar lo que no entendí, lo que, a lo mejor, no logré comprender del artículo.
Vamos paso por paso, desglosando el discurso (sin desarmarlo ni desarticularlo).
Como es sabido, el término «trabajadores golondrina» se refiere a los trabajadores que migran una y otra vez en busca de mejores oportunidades laborales. Ese fenómeno se da mayoritariamente en sectores rurales y como consecuencia de un tipo de demanda laboral vinculados a los tiempos de siembra y cosecha.
Creo que no hay mucho que agregar.
Encuentro que esa realidad, esa forma de trabajo inestable y poco formadora vinculada específicamente a los no profesionales, ha cobrado cuerpo en muchos jóvenes universitarios. Cabe aclarar que no se pretende aquí realizar un análisis sociológico, ni criticar a los diseñadores que se ven obligados a cambiar de trabajo por malos tratos, explotaciones o despidos injustificados. Apenas busco hacer un llamado de atención frente a una actitud poco comprometida que va creciendo cada vez más en las nuevas generaciones: muchos recién egresados migran de manera continua hacia y desde distintos estudios de diseño con el objetivo de encontrar el «paraíso proyectual», un lugar mágico en donde los conocimientos fluyan, los jefes no exijan siempre resultados óptimos, los proyectos sean ideales, los clientes respeten 100% su trabajo y la creatividad jamás, pero jamás, sea cuestionada.
Coincido en que hay una alta rotación entre los no profesionales (universitarios). Conozco muchos casos de compañeros, colegas y conocidos. Entiendo también que no se intenta hacer un análisis sociológico, sino más bien un diagnóstico: la detección de una falencia, de un problema y un posterior llamado de atención (o receta, siguiendo con la jerga médica). Ese llamado está orientado, desde el inicio del artículo (por lo menos así creo entenderlo) a los no profesionales. Aúna esa falencia (el ping-pong de trabajo en trabajo) al descompromiso de las nuevas generaciones con el trabajo “duro” y la búsqueda de placer en el trabajo. Probablemente el autor la relaciona con la tendencia al diseño desde su veta más “artística” (sí, entre comillas). La idea de que el diseño está disociado de la producción en su sentido más capitalista, que responde a exigencias del mercado. Coincido con que esa visión está instalada entre algunos diseñadores. La idea de que “el diseño puede cambiar el mundo”. Continuemos. Después vuelvo sobre algunos puntos de este párrafo.
Para avalar un poco más esta observación quiero dar algunos detalles de mi propia experiencia. Durante los últimos años he recibido cientos de curriculums en los que se observa la increíblemente corta permanencia que los postulantes han tenido en cada uno de los establecimientos en los que han incursionado. Más allá de la forma tan singular y poco estratégica de presentarse (algunos ni siquiera personalizan el mensaje de correo electrónico, enviando la misma reseña con copia a tantos estudios como les es posible), resulta increíble constatar que: Roberto estuvo cambiando de agencia cada dos meses, Juan cada mes y medio, Laura cada cuatro, Miguel cada cinco y la lista continúa. Paralelamente, en un acto de inocencia mezclado con una peligrosa deformación del término «experiencia», esas mismas personas hacen mención de los numerosos proyectos encarados durante esos breves períodos.
También estoy de acuerdo con la idea de que formarse como un profesional completo lleva tiempo. Ya hablamos de la alta rotación y ni hablar de la inocencia con la que muchos jóvenes se enfrentan al mundo del trabajo. Mundo que, por otro lado, y sobre todo en el campo de la comunicación, la publicidad y el diseño, envía mensajes ambiguos acerca de la tarea que desarrollan. Muchas veces es el mercado laboral en su conjunto el que crea esa imagen de trabajo relajado, creativo e ideal por nombrar sólo algunos de los adjetivos. La experiencia, por otro lado, es una cuestión de tiempo, pero también de calidad de tiempo. Es innegable que el desarrollo de una marca nos dará experiencia; el desarrollo de diez marcas nos dará más experiencia. O quizás no. Muchas veces, también la “experiencia” es un intangible. A priori, una persona que rotó cinco veces de agencia en diez meses más que un experimentado puede parecer un espíritu errático que no encuentra su lugar en el medio. ¿Es eso necesariamente malo? ¿Puede estar sólo ligado a una falta de compromiso? ¿Es acaso el campo del diseño el ámbito ideal en el que uno debería encontrar rápidamente su lugar? ¿Están dadas en todos los casos y bajo cualquier condición las circunstancias dadas para que yo, que entré a trabajar en X lugar, deba permanecer un tiempo determinado hasta adquirir “experiencia”?
Es común leer descripciones como: «en este tiempo (dos o tres meses) desarrollé marcas para diversas empresas, diseño de packaging, armado de originales, diseño de folletería y material POP, dirección y supervisión de diversos proyectos…». Ese tipo de declaraciones es fiel reflejo de una importante confusión, ya que es imposible afirmar que en lapsos temporales tan estrechos pueda desarrollarse seriamente la mayoría de los proyectos mencionados. Lo cierto es que, por lo general, los diseñadores necesitamos años de pruebas, equivocaciones y nuevas pruebas para aprender a desarrollar un envase mínimamente efectivo.
Años de pruebas, cientos de miles de equivocaciones, tropiezos, caidas y hasta suicidios visuales y estéticos nos llevan a crear callos en el oficio de diseñar, construir y comunicar. Pero una marca puede desarrollarse en dos horas, en dos minutos o en dos décadas. Habría que evaluar cuáles eran los objetivos propuestos, las necesidades a cubrir y las expectativas del cliente/público objetivo. Disociar el diseño, la pieza, el producto de los objetivos (y sus plazos!) me parece mirar con un solo ojo el problema. De todas maneras, quizás en este párrafo se concentra lo que me disgustó tanto del artículo. Quizás, por ser la cabeza de una gran empresa, el autor no está en contacto directo con lo que nos pasa a nosotros, los no profesionales que llevamos adelante el “desarrollo de marcas para diversas empresas, diseño de packaging, armado de originales, diseño de folletería y material POP, dirección y supervisión de diversos proyectos”. Si una persona, durante dos o tres meses (supongamos que esto es un corto lapso de tiempo), tuvo a cargo todas esas tareas, tan extenuantes, tan demandantes, tan frágiles y necesarias, no fue por altruismo, por vocación profesional o hambre de gloria; fue por un sólo motivo: alguien le exigió que así sea. Fue la industria del diseño, el estudio, el mercado, la globalización, o como quiera uno llamarle, pero decidicidamente no fue por motus propio (por deseo un diseñador abre un deviant, pinta stencils o imprime remeras, no diseña la campaña de Coca Cola). La inercia del entorno lo aceleró. En el mejor de los casos logró algunos de los objetivos que se propuso (o le propusieron/impusieron). En el mejor de los casos (hablemos claro) se llevó, por mes un sueldo de $1500/$2000 (en blanco? Ojalá). En el mejor de los casos hizo todo lo que pudo y con mucha suerte quizás pudo poner un límite, dejar contento a alguien y poder concentrar sus esfuerzos en menos tareas y mayor calidad.
Resulta curioso, por otro lado, que una vez seleccionados y en la mesa de entrevista estos «jóvenes golondrina» hablan de compromiso, esfuerzo de superación, necesidad de aprendizaje, etc., cuando en la práctica su objetivo es otro: sumar una estrella más a su larga lista de establecimientos incursionados. Tras su paso fugaz, argumentos como: «cerré una etapa» (¿?), «ya aprendí suficiente» (cuando la permanencia fue de dos meses), «quiero incursionar otras áreas del diseño», se convierten en un claro reflejo de la extrema ansiedad formativa.
Y como no hablar de compromiso, esfuerzo, superación, necesidad de aprendizaje cuando se lleva la tarea compleja de luchar contra una corriente adversa donde la competencia es voraz, donde muchas veces los estudios de comunicación y diseño no cuidan a sus empleados porque saben que detrás hay tantos “jóvenes golondrinas”? Aquí, en Mendoza, pocas bodegas cuidan a sus cosechadores golondrinas por la misma razón. El objetivo no es sumar otra estrella. Y si así lo fuera no es por falta de compromiso: es por no sentir con qué comprometerse, por no encontrar en el campo laboral, espacios de estructura mental amplia (tanto en lo humano como en lo profesional, o conocen muchos estudios de diseño y publicidad con “áreas” de RR.HH?). Quizás en el estudio de autor esto no suceda (ojalá así sea) pero no es la realidad del campo laboral. No es la búsqueda hedonista de espacios de “relax creativo”, sino la certeza de que si uno no avanza rápido…lo dejan atrás y pierde. Entonces se cansa, se agota y claro, cierra etapas, concluye ciclos. Fugazes? Quizás. Inútiles? Dependerá el caso. Ansiedad formativa? Ojalá! Búsqueda de estabilidad lo llamaría yo y no a partir de la inestabilidad autogenerada (y no niego que haya casos que sí lo sean) sino de el entorno, el campo, el contexto.
Surge la siguiente pregunta: esta visión de muchos recién graduados, ¿es consecuencia de una nueva cultura que fomenta la inmediatez, la superficialidad y la mediocridad creativa como rasgos valorables? Cuando mi padre me hablaba del empleado histórico, aquel que nacía, se formaba y se jubilaba en la misma empresa, me resultaba ridículo. En ese entonces pensaba, y aún lo sostengo, que la diversidad en su justa medida es enriquecedora, sin embargo hoy en día, estamos presenciando una circunstancia preocupante que es alentada por una visión pasajera y sintética de la realidad.
Aquí quizás sí hace falta profundizar en un análisis más profundo, sociológico aunque el autor lo evite. El modelo cambió? Si. Las empresas donde se formaron nuestros padres no existe más? No, ya no quedan. Es bueno el cambio? Puede serlo. El cambio en extremo es malo? Quizás. Pero…es esto culpa del “joven golondrina”? Seguro?
Muchos jóvenes con los que he intercambiado opiniones sobre este tema expresan que se «picotea» un poco en cada lado, porque de esa manera su experiencia es más variada y su conocimiento más completo. Considero que en esa concepción de la realidad se encuentra el centro de la problemática. Frente a ella debo enfatizar que los cursos express nunca han sido buenos formadores. Aquel que desee ser un verdadero profesional debe sacrificarse, esforzarse, aprender seriamente de aquellos que día a día demuestran una capacidad adquirida a lo largo de los años.
Esa concepción de la realidad incluye al joven, que es distinto a decir que el joven la crea, la potencia o la propaga. La cultura “light” o “express” no es exclusiva al mundo del diseño, y aunque aquí ese sea el tema tiene que entenderse la problemática en un espacio más amplio, a nivel mundial, estructural, con variables culturales, económicas, políticas y por qué no comunicacionales. El esfuerzo es un valor innegable y valorable (valga la redundancia). Nadie niega esto.
¿Cómo se aprende seriamente? Con la práctica intensiva y duradera. El «observo y me voy» es una práctica para ingenuos y facilistas. Los recién egresados deben entender que el proceso de aprendizaje no es mágico y que deben vivir la experiencia de diseñar una y otra vez. Deben comprender que sólo tras haber enfrentado durante años una problemática proyectual determinada podrán decir, con real conocimiento de causa, que han alcanzado métodos inteligentes que le permitirán resolver con éxito apenas una parte de los desafíos proyectuales venideros.
El proceso de aprendizaje no es mágico. El «observo y me voy» es una práctica para ingenuos y facilistas. Coincido con ambas premisas. Con esto busco distinguir: no me manifiesto en contra de estos puntos.
La intención de estas líneas es alertar sobre esta forma pasatista y vacía de adquirir una pseudo-experiencia que sumerge al novato en una equívoca idea de idoneidad, que redundará en una confusión altamente peligrosa tanto para su capacidad proyectual como para su valoración profesional a largo plazo. Rechazo profundamente a aquellos jóvenes que inscriben orgullosos en sus currículums una trayectoria basada en breves permanencias, cuando éstas son fruto de una inestabilidad buscada y cuya argumentación se sustenta simplemente en la obtención de mayores espacios de experimentación.
Quiénes comienzan su carrera de diseñadores deben comprender que el tiempo de permanencia en un trabajo es muy importante para solidificar en la mente lo que se incorpora el la práctica de cada día. Sería bueno que se recuperara apenas un poco de aquella vieja tradición histórica del trabajo, porque la «práctica constante en un entorno estable» es la única manera de construir una propia experiencia enriquecedora y aplicable a desarrollos exitosos.
No creo que existan las pseudo-experiencias. Cada situación (buena, mala, exitosa, terrible, triunfal) es un éxito, en tanto aprendizaje. Aquél que se crea idoneo pierde, tenga o no tenga experiencia. La humildad está en saberse imperfecto, incompleto y en estar siempre dispuesto a adquirir nuevos instrumentos y herramientas. La inestabilidad buscada es falaz. Tan falaz como la afirmación “pobre es el que quiere”. Si no compartimos este criterio entonces puede radicar ahí nuestra diferencia. Hay elementos y condiciones estructurales a nivel cultural y económico que determinan ciertos aspectos de nuestro actuar en el mercado. Cargar las tintas sobre el neo profesional es equivocar el objetivo. Proponerle al diseñador “permanecer en un trabajo para solidificar lo que se incorpora en la práctica”, sin contemplar (ni destacar) el resto de los aspectos involucrados en el hacer profesional me parece un discurso, que como dije en el email, reproduce el sistema que describe pero no explica.
Como acotación al margen, creo ver, a pesar de oponerme a la mayoría de los puntos claves del texto, la intención del autor. Intención que se ve deformada por la poca atención a ciertos detalles que considero de vital importancia, pero fundamentalmente por la sensación de “bajada de línea” del texto. El artículo posee un tono negativo, en donde pareciera que se ofrece medicación para una enfermedad que quizás no esté bien diagnosticada.
Por otro lado, y en respuesta al email (y con esto ya concluyo) mi postura quizás sea radical, pero tiene un motivo, un fundamento. No veo, en cambio, mayores problemas (en el caso de que el diagnóstico del autor sea correcto y yo esté totalmente equivocado) en que el profesional de hoy se mueva de manera distinta al profesional que salió de la universidad hace 10 años. Quizás como el padre del autor le hablaba del empleado “histórico” hoy estemos frente a un nuevo empleado que todavía no podemos entender. Los tiempos corren veloces. Veremos a donde nos llevará la historia.
Los estudiantes y profesionales que coincidieron con esta visión de esfuerzo, compromiso y superación me enorgullecen. Yo mismo comparto la visión del esfuerzo, compromiso y superación y de todas maneras no comparto las opiniones vertidas en este artículo y respeto a los que discrepan con mi forma de pensar. Si hirieron mis palabras (”uno de los peores textos que he tenido la posibilidad de leer en este espacio”, “recorte pobre, liviano y superficial”, “material inutil y que busca la polémica”, “una verdadera lástima”) me retracto, aunque sostengo mi disconformidad. Espero, ahora sí, haber sido claro a la hora de expresar mi ideas para no distraernos y centrarnos en los que nos interpela como profesionales, no profesionales, universitarios, neo profesionales, en fin: diseñadores.
Quedan abierto los comentarios a todo aquel que quiera agregar algo, subrayar o discernir, incluido el autor si así lo desea. Planteo mi opinión y espero que el intercambio sirva para enriquecer nuestros puntos de vista.
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