El fin de la soledad

Abril 08th, 2009

Martín me acercó un artículo de William Deresiewicz,  profesor de la universidad de Yale, publicado en The Chronicle Review el 30 de enero de este año: The End of Solitude.

No le bastó con eso sino que además lo tradujo (con asistencia de gente que sí sabe inglés).

Una introducción densa, compleja y con muchas referencias y citas para pasar a un desarrollo más amable y profundo sobre la realidad en la que vivimos, conectados.

Prometo imprimirlo, subrayar, anotar, repensar el texto y subir algo a este abandonado blog. Mientras tanto lean, lean que es gratis.

El Fin de la Soledad

Por William Deresiewicz

Que es lo que el ser contemporáneo quiere? La cámara ha creado la cultura de la celebridad, la computadora ha creado la cultura de la conectividad. Cuando las dos tecnologías convergen -la banda ancha escribiendo la Web desde el texto a la imagen, sitios de social networking dispersando la red de interconexión aún más- las dos culturas revelan un impulso común. Celebridad y conectividad son dos caminos para ser conocido. Esto es lo que el ser contemporáneo quiere. Quiere ser reconocido, quiere estar conectado: quiere ser visible. Si no por millones, en Survivor, u Oprah, entonces por cientos en Twitter o Facebook. Esta es la cualidad que nos valida, esto es como somos reales a nosotros mismos - siendo vistos por otros. El gran terror contemporáneo es el anonimato. Si Lionel Trilling estuviera en lo cierto, si la propiedad que nos conecta con nuestro ser, en el Romanticismo, fue la sinceridad, y en el modernismo la autenticidad, entonces en el postmodernismo es la visibilidad.

Entonces nosotros vivimos exclusivamente en relación a otros, y lo que desaparece de nuestras vidas es la soledad. La tecnología está sacándonos nuestra privacidad y nuestra concentración, pero también está sacándonos nuestra capacidad para estar solos. Pienso que no debería decir sacando (N del trad.: taking away). Estamos haciéndonos esto a nosotros mismos; estamos descartando esa riqueza lo más rápido que podemos. Un pariente mayor de una adolescente que conozco me dijo que envió 3,000 mensajes de texto unos de estos meses recientes. Esos son 100 mensajes por día, o uno cada 10 minutos, mañana, mediodía, y noche, días de semana y días de fin de semana, en horarios de clase, de almuerzo, de las tareas, de cepillarse los dientes. O sea, en promedio, ella nunca está sola por más de 10 minutos. Lo que significa que ella nunca está sola.

Una vez les pregunté a mis estudiantes acerca del lugar que tiene la soledad en sus vidas. Uno de ellos admitió que encuentra la perspectiva de estar solo tan inquietante que ella se sienta con una amiga incluso cuando tiene que escribir una ponencia. Otro dijo, por qué alguien querría estar solo?

A esa notable pregunta, la historia ofrece un número de respuestas. El hombre puede ser un animal social, pero la soledad ha sido tradicionalmente un valor social. En particular, el acto de estar solo ha sido entendido como una dimensión esencial de la experiencia religiosa, aunque uno se restringa a unos pocos seres-seleccionados. A través de la soledad de pocos espíritus, el colectivo renueva su relación con la divinidad. El profeta y el ermitaño, el sadhu y el yogi, perseguían su visión, invitaban sus trances, en el desierto o bosque o cueva. Por el momento la pequeña voz solo habla en silencio. La vida social es un ir y venir de emociones agradables y preocupaciones mezquinas, y las instituciones religiosas no son la excepción. Tu no puedes escuchar a Dios cuando la gente está parloteando alrededor, y la palabra divina, sus pretensiones sin embargo, objetan el descender al monarca y al cura. La experiencia comunal es la norma humana, pero el solitario encuentro con Dios es el egregio acto que actualiza esa norma (egregio, porque ningún hombre es un profeta en su propia tierra. Tiresias fue revelado antes que el fuera vindicado, Teressa fue interrogada antes de ser canonizada) La soledad religiosa es una especie de mecanismo auto-corrector social, una forma de limpiarse los hábitos morales y el traje espiritual. El vidente vuelve con nuevas tablas o nuevas danzas, su cara brilla con la vieja verdad.

Como otros valores religiosos, soledad fue democratizada por la Reforma y secularizada por el romanticismos. En la interpretación de Marilynne Robinson, el Calvinismo creó el ser moderno concentrándose en el encuentro interno del alma con Dios, como un profeta de lo antiguo, en “profundo aislamiento” A la enumeración que hace ella de Calvin, Margarithe de Navarre, y Milton como pioneros de los tiempos modernos, podemos agregar a Montaigne, Hamlet e incluso Don Quijote. La última figura nos alerta que leer tiene un rol esencial en esta transformación, la prensa impresa nos brinda una función análoga en el siglo 16 y en los siguientes siglos, a la que ofrece la televisión e Internet hoy. Leer, como decía Robinson, ‘es un acto de gran introspección y subjetividad’ ‘El alma se encuentra a sí misma en respuesta al texto, primero en el Génesis o Mathew y después Paradise Lost o Leaves of Grass.’ Con el protestantismo y la imprenta, la búsqueda de la voz divina se vuelve alcanzable y apoyada por todos.

Pero es en el Romanticismo que la soledad consigue su gran prominencia cultural, siendo dos literal y literario. La soledad Protestante es todavía sólo figurativa. Rosseau y Wordsworth la hicieron física. El ser ahora se encuentra no en Dios pero sí en la Naturaleza, y para encontrarse con la Naturaleza había que ir hacia ella. E ir con una sensibilidad especial. El poeta desplazó al santo como el vidente social y el modelo cultural. Pero porque el Romanticismo también heredó la idea del siglo 18 de la simpatía social, la soledad Romántica existió en una relación dialéctica con la sociabilidad - menos por Rousseau y menos aún por Thoreau; el más famoso solitario de todos, certeramente para Wordsworth, Melville, Whitman y muchos otros. Por Emerson “el alma se rodea de amigos y puede entrar en un estadio de autoconocimiento o soledad, y si va sola por una temporada puede exaltar su conversación o sociedad” La práctica Romántica para la soledad es prolijamente capturada por la ’sinceridad’ de Trilling: la creencia que el ser es reconocido por una congruencia de apariencia pública y la esencia privada, una que estabiliza su relación con ambas el propio ser y otros. Especialmente, como Emerson sugiere, el ser amado. Por lo tanto las famosas duplas del romanticismo aparecen: Goethe and Schiller, Wordsworth y Coleridge, Hawthorne y Melville.

El Modernismo desacopló esta dialéctica. Su idea de soledad era más problemática, más adversativa, mas aislada. Como un modelo del ser y sus interacciones. La simpatía social de Hume abrió camino al espeso muro de personalidad de Pater y al narcisismo de Freud - en el sentido que el alma, ensimismada e inaccesible para otros, no puede elegir estar sola. Con excepciones, como Woolf, su modernista pelea avergonzada de la amistad . Joyce y Proust la denigraron; D. H. Lawrence fue cauto sobre ella, los pares de amigos modernistas - Conrad y Ford, Eliot y Pound, Hemingway y Fitzgerald - eran todos juntos más cool que sus homólogo románticos. El mundo era ahora entendido como una agresión al ser, y con buena razón.

El ideal romántico de la soledad se desarrolló en parte como una reacción a la aparición de la ciudad moderna. En el modernismo, la ciudad no es sólo más amenazante que nunca, se ha transformado en ineludible, un laberinto: el Londres de Eliot, el Dublin de Joyce. La muchedumbre, la masa humana, ejerce presión. El infierno es la otra gente. El alma es forzada a volver a sí misma -por lo tanto el desarrollo de una más austera, más combativa forma de autovalidación, la ‘autenticidad’ de Trilling fue la relación esencial sólo con uno mismo (así como hay algunos pocos buenos amigos en el modernismo, hay unos pocos buenos matrimonios) La soledad se convierte, más que nunca, en el campo de heroicos autodescubrimientos, un viaje hacia el reino interior vasto y terrorífico, por marcas Nietzcheanas y Freudianas. Para lograr autenticidad es necesario mirar otras visiones sin acobardarse; el ejemplo acá de Trilling es Kurtz. La examinación del ser protestante se transforma en análisis freudiano, y el héroe cultural, antes un profeta o un Dios y después un poeta de la Naturaleza, es ahora un novelista del ser - un Dotoyevsky, un Joyce, un Proust.

Pero nosotros no vivimos más en la ciudad modernista, y nuestro peor temor no es ser sumergido por la masa pero sí el aislamiento de la manada. La urbanización se transformó en urbanización periférica (suburbanización), y con ello la amenaza universal de la soledad. Lo que las tecnologías del transporte exacerban -podemos vivir lejos y más lejos aún - las tecnologías de la comunicación remedian- podríamos juntarnos cada vez más. O al menos así lo hemos imaginado. La primera de estas tecnologías, el primer simulacro de proximidad, fue el teléfono ‘Buscar y tocar a alguien’ Pero a través de los 70’s y 80’s, nuestro aislamiento creció. Suburbios, extendidos más lejos, viraron en exsurbios. Las familias se hicieron más chicas o separadas, las madres abandonan el hogar para trabajar. El corazón electrónico es la televisión en cada habitación. Incluso en la niñez, claramente en la adolescencia, estamos atrapados dentro de nuestro capullo. Elevan los índices de crímenes, y todavía más crecen los índices de pánico moral, sacando a los niños de las calles. La idea de poder salir fuera y dar una vuelta por el vecindario con tus amigos, alguna vez incuestionable, ahora es impensable. El niño que creció entre las dos guerras mundiales tejió como parte de una familia extendida su comunidad urbana, transformándose en el abuelo de un niño que se sienta solo frente a una gran televisión, en una gran casa, en un gran terreno. Estábamos perdidos en el espacio.

En estas circunstancias, Internet llega como una bendición incalculable. No debemos olvidar eso nunca. Permitió que gente aislada se comunicasen con otros marginados para encontrar más gente. El padre ocupado puede estar en contacto con amigos distanciados. El adolescente gay no tiene que sentirse como un anormal nunca más. Pero así como la dimensión de Internet creció, se transformó rápidamente en algo demasiado bueno. Hace diez años estábamos escribiendo mensajes de e-mail en nuestras computadoras de escritorio y transmitiéndolos sobre conexiones de teléfono. Ahora estamos mandando mensajes de texto en nuestros teléfonos celulares, posteando fotos en nuestras páginas de Facebook, y siguiendo completos extraños en Twitter. Una corriente constante de contactos mediados, virtuales, hipotéticos, o simulados, nos mantienen conectados a la colmena electrónica -aunque contacto, o por lo menos contacto de dos vías, parecen cada vez más alejados del punto (N del trad.: beside the point.) La meta ahora, parece, es simplemente ser conocido, transformar nuestro ser en algo como una celebridad de miniatura. Cuántos amigos tengo en Facebook? Cuánta gente está leyendo mi blog? Cuántos hits genera en Google mi nombre? La Visibilidad asegura nuestra autoestima, transformándose en su sustituto, dos veces removida para una conexión genuina. No hace mucho, era fácil sentirse solo. Ahora, es imposible estar solo.

Como resultado, estamos perdiendo ambos sentidos de la dialéctica del Romanticismo. Qué significa la amistad cuando tienes 532 ‘amigos’? Cómo esto realza mi sentido de cercanía cuando mi Feed de noticias de Facebook me dice que Sally Smith (a quién no he visto desde el colegio secundario, e incluso no éramos amigos en su momento) ‘está haciendo café y despegando”? Mis estudiantes me dijeron que tienen poco tiempo para la intimidad. Y por supuesto, no tienen tiempo en absoluto para la soledad.

Pero por lo menos la amistad, si no la intimidad, es algo que todavía ellos quieren. Puede ser llamativo para despejarse como descarga para gente a sus 30 y 40, el problema real es que es completamente natural para gente a sus 20 y en su adolescencia. La gente joven hoy parece no tener deseos de soledad, nunca han escuchado sobre ella, no pueden imaginar para qué sirve. De hecho, su uso de la tecnología - o para ser justos, nuestro uso de la tecnología- parece que implica un esfuerzo constante para evitar la posibilidad de soledad, como si nos sentásemos en nuestras computadoras para mantener la presencia imaginaria de otros. Tan lejos como 1952, Trilling escribió sobre “el miedo moderno de ser apartado del grupo social incluso por un momento” Ahora nos hemos equipado con los medios para prevenir que ese miedo se concrete. No significa que ya no lo sintamos. Todo lo contrario. Recuerden a mi estudiante, quien no podían ni siquiera escribir sus tareas sola. Mientras más nos mantengamos solos en la bahía, menos estamos dispuestos a lidiar con eso y más terrorífico se pone.

Hay una analogía, me parece, con la experiencia de la generación anterior y el aburrimiento. Las dos emociones, soledad y aburrimiento, están aliadas. Son también las dos de modo característico modernas. Las citas del Diccionario de Inglés de Oxford de cada palabra, por lo menos en el sentido contemporáneo, datan del siglo 19. La suburbanización, al eliminar tanto la estimulación como la sociabilidad de la vida urbana o de la tradicional vida de pueblo, exacerbaba la tendencia de las dos. Pero la gran era del aburrimiento, creo, vino con la televisión, precisamente porque la televisión fue diseñada para paliar ese sentimiento. El aburrimiento no es necesariamente consecuencia de no tener nada que hacer, es sólo la experiencia negativa de ese estado. La televisión, para evitar la necesidad de aprender como hacer uso de la falta de ocupaciones de uno, lo excluye a uno de descubrir alguna vez cómo disfrutar de estar aburrido, entonces prendes la televisión.

Hablo desde la experiencia. Crecí en los 60 y en los 70, la era de la televisión. Fui entrenado para estar aburrido, el aburrimiento fue cultivado dentro mío como una cosecha preciosa. (se ha dicho que la sociedad consumista quiere condicionarnos para sentirnos aburridos, ya que el aburrimiento crea un mercado para la simulación) Me tomó años descubrir - y mi sistema nervioso no se va a adecuar nunca a esta idea, todavía tengo que luchar contra el aburrimiento, estoy permanente dañado en este sentido - Que no tener nada que hacer puede no ser algo malo. La alternativa del aburrimiento es lo que Withman llamaba pereza: una recepción pasiva del mundo.

Así es con la experiencia actual de estar solo. Ese es precisamente el reconocimiento que implica la idea de soledad, que es al aislamiento lo que la pereza al aburrimiento. La soledad no es la ausencia de compañía, es un dolor sobre la ausencia. La oveja perdida está sola; el pastor no está solo. Pero la Internet es como una poderosa máquina para la producción de aislamiento como la televisión lo es para la fabricación de aburrimiento. Si seis horas de televisión al día crean la aptitud para el aburrimiento, la incapacidad para sentarse quieto, cientos de mensajes al día, crean la aptitud para la soledad, la incapacidad para estar con uno mismo. Algún grado de aburrimiento y de soledad es esperado, especialmente entre gente joven, dada la manera en que nuestro medio ambiente humano se ha atenuado. Pero la tecnología amplifica esas tendencias. Podías llamar a tus compañeros de escuela cuando yo era un adolescente, pero no podías llamarlos 100 veces al día. Podías estar con tus amigos cuando yo estaba en la facultad pero no podes estar con ellos siempre cuando querías, por la simple razón que no podías encontrarlos siempre. Si el aburrimiento es la gran emoción de la generación de la TV, la soledades la gran emoción de la generación Web. Hemos perdido la capacidad de estar quietos, nuestra capacidad de pereza. Ellos han perdido la capacidad de estar solos, su capacidad para la soledad.

Cuando se pierde la soledad, que es lo que se pierde? Primero, la propensión para la introspección, el examen del ser que los Puritanos, y los Románticos, y los modernistas (y Sócrates por eso importa) ubican en el centro de la vida espiritual -de la sabiduría, de la conducta. Thoreau llamó a eso pesca ‘en el estanque de nuestra propia naturaleza’ agitando nuestros anzuelos con oscuridad’. Se pierde, también, la propensión relacionada con la lectura sostenida. Internet trajo el texto de nuevo al mundo televisivo, pero lo trajo en los términos dictados por ese mundo -eso es, reconfigurando nuestro período de atención . Leer ahora significa skipping and skimming; cinco minutos en la misma página Web es considerado una eternidad. Esto no es leer como Marilyne Robinson lo describe: el encuentro con un segundo ser en el silencio de la soledad mental.

Pero nosotros no creemos más en la mente solitaria. Si los Románticos tenían a Hume los modernistas tenían a Freud, el actual modelo psicológico - y esto no debe sorprendernos- es el conectado o mente social. La Psicología Evolucionista nos dicen que nuestro cerebro se desarrolla para interpretar complejas señales sociales. Según David Brooks, este es un confiable índice de zeitgeist social-científico, los científicos cognitivos nos dicen que ‘nuestra toma de decisiones está poderosamente determinada por el contexto social’; neurocientíficos, que tenemos ‘mentes permeables’ eso funciona en parte a través de procesos de ‘fuerte imitación’; los psicólogos dicen ‘estamos organizados por nuestros apegos’; los sociólogos, que nuestro comportamiento es afectado por ‘el poder de las redes sociales’. La última consecuencia es que no hay un espacio mental que no sea social (la ciencia social contemporánea articula aquí con la teoría crítica posmoderna) Una de las cosas más llamativas sobre el modo en que la gente joven se relaciona hoy es que no parecen creer más en la existencia de la ‘oscuridad’ de Thoreau.

La página de MySpace, con sus tipografías chillonas y ruidosas imágenes, ha reemplazado al diario y la carta como una manera de crear y comunicar el sentido de uno mismo. La justificación es que esa comunicación está hecha para todo el mundo antes que para uno mismo o para la intimidad de uno, o gráfica antes que verbal, o performativa antes que narrativa o analítica, pero también puede hacerse completamente. La gente joven de hoy parece que siente que pueden hacerse conocidos unos a otros. Parecen carecer de un sentido de su propia profundidad, y el valor de mantenerla escondida.

Si no lo hicieran, ellos entenderían que la soledad nos permite asegurar la integridad de cada uno y el hecho de poder explorarla. Pocos han mostrado esto más hermosamente que Woolf. A la mitad de Mrs. Dalloway, entre su exploración de las calles y sus preparaciones para la fiesta, entre el empuje urbano y el bullicio social, Clarissa sube a su ático, ‘como una monja de retiro’. Como una monja: ella vuelve a un estado donde ella misma piensa como una especie de virginidad. Eso no significa mojigata. Virginidad es clásicamente la expresión de un signo de inviolabilidad espiritual, de un ser intocable por el mundo, un alma que ha preservado su integridad rechazando descender en el caos y la división del ser entre sexual y social. Es la marca de los santos y los monjes, de Hyppolytus y Antigona y Juana de Arco. La soledad es ambas, la imagen social de ese estado y los medios por los cuales nosotros podemos aproximarnos a ella. Y la suprema imagen en Mrs. Dollaway de la dignidad de la soledad por sí misma es la vieja mujer a quien Clarissa ve a través de su ventana. ‘Acá hay una habitación’ ella piensa, ‘allá otra’ No somos necesariamente sociales. Somos cada uno también separados, cada uno solitario, cada uno solo en su propia habitación, cada uno milagrosamente nuestro único ser y misteriosamente encerrado en nuestra individualidad

Para recordar esto, para mantener a nuestro ser distanciado de la sociedad, es que hay que empezar a pensar más allá de uno mismo. Soledad, decía Emerson, ‘es para los genios el amigo terco’ ‘El que debe inspirar y liderar a su raza, debe ser defendido por viajar con las almas de otros hombres, por vivir, respirar, leer y escribir, a diario, opinar es perder el tiempo’ Cada uno debe protegerse a sí mismo del momento del consenso intelectual y moral -Especialmente, Emerson agrega, durante la juventud. ‘Dios está solo’. decía Thoreau, ‘pero el diablo, él esta lejos de estar solo; el ve como un buen negocio la compañía; él es una legión’ La universalidad debía ser premiada, decía Emerson, sólo por proveer a sus acólitos con ‘una habitación separada y fuego’ - el espacio físico para la soledad. Hoy, por supuesto, las universidades hacen todo lo posible para mantener a sus estudiantes lejos de estar solos, ello perpetúa actos autodestructivos y también, quizás, pensamientos no de moda. Pero ninguna real excelencia, personal o social, artística, filosófica, científica o moral, puede levantarse sin soledad. ‘El santo y el poeta buscan privacidad’ decía Emerson, ‘para terminar públicos y universales’ ‘Volvemos al profeta, buscando pistas para el futuro en espléndido aislamiento.

La soledad no es fácil, no es para todos. No ha sido nunca indudablemente la provincia de mas de unos pocos. ‘Creo’ decía Thoreau ‘que los hombres aún generalmente tienen aún un poco de miedo a la oscuridad’ Theresa y Tiresias serán siempre las excepciones, o para hablar en términos más relevantes, la juventud y ellos todavía existen - prefieren holgazanear e invitar sus almas, quién le sigue el paso de un diferente baterista?- Pero si la soledad desaparece como una idea social, aunque sea las excepciones serán posibles? Todavía, una no tiene fuerzas para volver al torrente de la cultura. Uno puede salvarse sólo a uno mismo - y cualquier cosa que pase uno puede hacer siempre hacer eso. Pero requiere voluntad de ser impopular.

La última cosa que agregar sobre la soledad es que no es muy educada, Thoreau sabía de la ‘dicotomía’ que la soledad cultiva, la habilidad para retroceder y observar la vida desapasionadamente, es una aptitud para incomodar un poco a nuestros compañeros, no decir nada de la ofensa implícita de evitar su compañía. Pero en aquél entonces a él no le preocupaba mucho ser genial. A él no le gustaba tener que hablarle a las personas tres veces en el día, a la hora de comer; uno sólo puede imaginar que mensajes de texto habría enviado. Nosotros, sin embargo, hemos hecho de la genialidad - La débil sonrisa, el interés amable, la invitación falsa - una virtud cardinal. La amistad puede estar resbalándose de nuestra captación, pero nuestra amistad es universal. No por nada ‘gregario’ significa ‘parte del rebaño’ Pero Thoreau entendió que para asegurar la auto posesión valió la pena tolerar sentimientos rotos. El quizás puso a su vecindario afuera, pero por lo menos él estaba seguro de él mismo. Aquél que quiera encontrar soledad no debe temer estar solo.

The end of solitude - en inglés.

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